Creemos que la esencia de los diseños realizados en nuestro estudio se encuentra en el proceso, el cual lamentablemente no siempre se lo puede relatar. Las imágenes publicadas en concursos, revistas y páginas web, e incluso el proyecto final entregado al cliente, son el último paso de la vida de un proyecto, sin embargo la mayoría de veces no refleja la evolución del mismo desde su nacimiento, ni tampoco el trabajo intelectual invertido en su proceso para llegar a ese último paso antes de construirlo.

En el caso de este proyecto, vemos la importancia de contar sobre el proceso ya que contiene un claro ejemplo de cómo se desarrollan muchos proyectos arquitectónicos y los cambios que van sufriendo en el camino, sin que el resultado final refleje todas las ideas originales.

Este proyecto partió de la idea de crear un pabellón temporal dentro del marco del Hábitat III en la ciudad de Quito. El lugar asignado fue el Parque de El Ejido y nuestros clientes, UN Hábitat y Minecraft, tenían como requisitos los siguientes parámetros:

  1. Activar el espacio público mediante un micro-intervención urbano-arquitectónico.
  2. Abrir un espacio de análisis sobre el desarrollo sostenible de la ciudad en donde se alberguen conferencias, talleres y reuniones entre especialistas y ciudadanos.
  3. Crear un espacio de interacción y enseñanza sobre el desarrollo urbano mediante el programa Block by Block de Minecraft.

Con estos parámetros en cuenta y teniendo en mente que el proyecto debía de ser sostenible, tener una duración mínima de 7 días  y el presupuesto era relativamente bajo, decidimos apoyarnos en una empresa de acopio de basura para acceder a materiales reciclados de bajo costo. Al buscar en la recicladora tuvimos la suerte de encontrar tubos de acero, planchas de tol y lonas. Ya teníamos entonces la base para una estructura y unas posibles paredes y cubiertas. El segundo paso fue pensar en ¿qué podemos hacer con la cantidad sustancial de pacas de tetra packs que la empresa nos podía donar?

El uso y la exploración del material es uno de los factores primordiales en nuestra exploración arquitectónica. Creemos firmemente que el estudio de ciertos materiales para cada proyecto debe ir de la mano del desarrollo del concepto y no debe ser una búsqueda posterior. Nosotros mantenemos una relación directa desde el inicio del desarrollo arquitectónico entre el estudio del concepto y el estudio de materiales que nos permitan acentuar el concepto. En el caso de este proyecto el método de desarrollo no fue excepción. Una vez que teníamos en nuestras manos los materiales reciclados asentamos la idea de aprovechar los requerimientos de uso del pabellón para generar concientización ciudadana sobre el consumo excesivo de agua por habitante en la ciudad de Quito mediante el objeto arquitectónico. Es decir, en vez de generar consciencia sobre el desarrollo sostenible de la ciudad solamente a través de los talleres y conferencias planteadas a llevarse a cabo dentro del pabellón, la idea era poder crear una instalación que hable por sí misma, que su misma arquitectura sea capaz de generar consciencia sin palabras.

Teniendo en cuenta que la ciudad de Quito tiene un consumo promedio de 220 – 225 Litros al día por habitante, un dato que la sitúa entre una de las ciudades con mayor exceso de consumo de agua en América Latina, nos propusimos crear un proyecto mediante el cual el usuario pueda concientizar sobre su protagonismo como ciudadano y sobre la importancia de su aporte para que Quito pueda convertirse en una ciudad más sostenible. Partimos de la idea de pensar que la generación de desperdicios de basura por persona es más fácil de asimilar para el ciudadano que el desperdicio que genera el consumo de agua. La basura contiene un espacio físico en nuestro consciente, ya que podemos entender su espacio observando cuanto ocupa en una bolsa de basura y a su vez qué espacio ocupa físicamente en las escombreras. Por el contrario, el agua al ser un material intangible hace que sea más difícil entender su ocupación en nuestro uso diario. Cuando utilizamos agua, ya sea para bañarnos, lavar los platos, regar las plantas, etc., la evacuamos por la vía pública y al no verla contenida no logramos entender cuanto consumo de agua estamos gastando por día y si tenemos o no exceso de consumo. Por esta razón, propusimos crear una intervención en donde el usuario pueda entender mediante el objeto arquitectónico cuanto mide en espacio físico su consumo por día como habitante de Quito. Diseñamos 2 cubos cubiertos que tienen la dimensión espacial que representa el consumo aproximado de 3 meses de un ciudadano promedio quiteño mediante envases de 1 litro de agua de tetra pack. De este modo, al ingresar al pabellón el usuario podría tener una visión de cuanto espacio físico ocupa su consumo y desperdicio de agua en el planeta. Los cubos de tetra packs que serían exhibidos en el exterior, mostrarían también datos a modo de una línea de tiempo del consumo por mes de cada habitante. Para acentuar aún más esta idea de concientización, cada paca de tetra pack tendría diferenciado por medio de colores los litros de agua que representan el exceso de consumo por día.

La idea se la terminó de desarrollar de esta manera y el proyecto finalmente estaba completo. Sin embargo, y para no variar, es casi imposible terminar un proyecto sin tropiezos de última hora: retrasos o fallas del proveedor. Cuatro días antes de empezar el montaje del proyecto el proveedor de tetra packs tuvo un imprevisto y no pudo entregarnos el material, por lo tanto todas nuestras ideas iniciales se quedaron en blanco. Para compensar, la empresa recicladora nos ofreció una buena cantidad de tubos de cartón.

El tubo de cartón estructural es un material muy versátil ya que tiene la capacidad de soportar grandes cargas y por lo tanto puede tener multiusos. De modo que decidimos reemplazar ciertos espacios asignados para los tetra packs  por los tubos de cartón. Sí, ya no podíamos mantener la idea de crear una consciencia sobre el consumo de agua que creaban los tetra packs, sin embargo podíamos aún seguir generando consciencia de la importancia del reciclaje de los materiales y el uso posterior que ellos pueden tener. Además, decidimos dejar el diseño de las franjas internas que marcaban el consumo de agua de otras ciudades en comparación con Quito para evidenciar parte del diseño inicial y poder tener una memoria de la intención original. Por otro lado, la cantidad de tubos que nos proveyó la recicladora y la capacidad multiuso de este material nos permitió ampliar el proyecto y dejar de pensar solamente en un pabellón interior contenido. Después de utilizar los tubos necesarios para las bancas interiores, fachadas y estructura del pabellón, teníamos el suficiente material para pensar en crear mobiliario urbano y dar la oportunidad a los peatones de disfrutar de conferencias al aire libre, de sentarse a descansar o recrearse incluso en una barra-cafetería. Resulta que esta decisión, tomada un día antes de la inauguración, de crear mobiliario urbano y extender el proyecto al exterior del proyecto realzó la funcionalidad del pabellón al máximo y creó el espacio más utilizado por los visitantes durante todo el transcurso del Hábitat. ¡De hecho, el 90 % de las conferencias se dictaron en el exterior!

La ventaja que tenemos como arquitectos es la capacidad de actuar de manera espontánea y ser recursivos con los recursos que tenemos en nuestro frente. Creo que este proyecto nos enseñó más que cualquier otro a tomar decisiones rápidas, a trabajar improvisando, a tomar decisiones en campo y a actuar inteligentemente con pocos recursos y el tiempo más que nunca en nuestra contra. Si bien nos hubiera gustado ver el diseño original construido, el resultado conclusivo fue exitoso y tenemos que admitir que al final del camino nos dimos cuenta que probablemente el proyecto construido fue mucho más funcional que aquel diseñado.